miércoles, 5 de enero de 2011

Parte 3_ Lo político-religioso

La historia la cuentan los que ganan.
El carácter político-religioso de esa época inserta la militancia de Jesús entre los más pobres; que eran los que esperaban la llegada del Mesías como alguien que los iba a liberar de la opresión de los romanos e hiciera justicia y entre ellos los Esenios y Zelotes.
Los Zelotes, en el periodo de ocupación romana en la tierra de Palestina, cada veinte años, se sublebaban en masa intentando vencer al ejercito invasor. Entre su creencia estaba la idea de que "ejercitos alados del cielo" vendrían a ayudarlos.
Algunos campesinos poseían tierras de cultivo pero apenas les proporcionaban lo suficiente para sobrevivir y los pequeños artesanos de aldea, que realizaban diferentes tareas, sufrían como todos los avatares económicos. 
Los jornaleros o trabajadores por cuenta ajena estaban de paro muy a menudo; herreros, carpinteros, albañiles... entre ellos también estaba José, esposo de María. Se ignora si se plegó alguna vez a un paro pero seguramente lo ha hecho. Hasta el más reaccionario de los trabajadores, empujado por sus compañeros, alguna vez lo hizo...y no creo que Jasé haya sido un reaccionario pues, junto con María eran muy creyentes y toda la militancia de Jesús estaba orientada hacia los pobres y marginados:
Entre ellos las mujeres y los niños, los esclavos no judíos (la mayoría árabes), los pastores asalariados, los pecadores (prostitutas y adúlteras), los publicanos (los encargados de recaudar impuestos) y los mendigos y enfermos.
La falta de alimento y de higiene en las capas más bajas de la sociedad traía como consecuencia que, además de hambrientos, la mayor parte estuviera enferma. Estas enfermedades podían ser físicas: ceguera, lepra….. o psíquicas: afecciones mentales o nerviosas. A causa del desconocimiento de estas enfermedades, los enfermos eran considerados poseídos.
La vida de estas personas era muy dura. Además de su miseria material, la gente los consideraba impuros. Pensaban que si estaban enfermos era porque habían cometido un pecado y Dios les había castigado. Por eso nadie se acercaba a ellos ni dejaban que se acercasen.
En esa época abundaban los profetas que anunciaban la “Buena Nueva”, la venida del Mesías que vendría a liberarlos.
Esto era una militancia muy mal visto por los romanos.
Uno de los profetas era Juan El Bautista (llamado así porque bautizaba) y lo hacía a orillas del Jordán donde un gran número de seguidores lo escuchaban y entre ellos Jesús. Él fue quien lo bautizo.
Jesús, celoso observador de La Ley de Moisés, inicia su militancia solo cuando Juan el Bautista fue encarcelado y luego decapitado.
Recién entonces, tras la muerte de Juan el Bautista, Jesús comienza su militancia y, como primera actividad pública, se dirige a la ciudad donde, en el templo, hace un gran escándalo.
Lo cuenta Juan en
(Juan 2:15)
“Haciendo de cuerdas un azote, los arrojó a todos del Templo, con las ovejas y los bueyes: derramó el dinero de los cambistas y derribó las mesas”.
El verdadero carácter de vida socialista de los primeros creyentes está presente en:
 (Hechos 4: 32.)
" Todos los creyentes, que eran muchos, pensaban y sentían de la misma manera: Ninguno decía que sus cosas fueran solamente suyas, sino que eran de todos".
Jesús fue bíblica y sociológicamente el Primer Socialista formal, al ubicarse como un pre-socialista que experimentó un modelo de vida y de trabajo formando pequeñas comunidades, basadas en la igualdad y en la solidaridad plena
No tenemos que olvidar que en la época de Jesús, política y religión estaban emparentadas. Jesús dice:
"Que se amen los unos a los otros. Así como yo los amo a ustedes, así deben amarse los unos a los otros. Si se aman los unos a los otros, todo el mundo se dará cuenta de que son discípulos míos"
San Lucas afirma este hecho en:
(Hechos 2: 44 y 45.):
"Todos los creyentes estaban muy unidos y compartían sus bienes entre sí; vendían sus propiedades y todo lo que tenían, y repartían el dinero según las necesidades de cada uno".
y Juan nos cuenta:
(Juan 13: 34 y 35.)
13 Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy.
14 Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros.
15 Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis.
16 De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor que el que le envió.
17 Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis.
Estas frases son sociales, políticas, económicas y también religiosas sobre todo si se las ve de forma y modo en su contexto histórico.
Jesús inicia su misión reuniendo discípulos entre diferentes facciones político-religiosas y en muy poco tiempo grandes cantidades de personas, los más pobres, los más radicalizados, los que esperaban la liberación, ...lo seguían.
Estas actividades lo llevan a ser condenado a muerte y crucificado.

Aunque la Iglesia trata de presentar a Jesús como un líder pacifista, los Evangelios muestran su tendencia confrontativa…, guerrera, como lo tomaban los Zelotes.
La prédica de Jesús:
“Puede un camello pasar por el agujero de una aguja mas no un rico entrar al reino de los cielos”
 nos muestra un carácter clasista y combativo:
“No penséis que he venido a poner paz en la tierra; no vine a poner paz, sino espada”,
y en Lucas 22:36 : 
“Y el que no tenga espada, venda su manto y cómprese una”.
Pedro tenía una porque era un Zelote.
Los teólogos cristianos se han pasado siglos tratando de explicar que solo eran metáforas pero es mucho más probable que sean los restos de la idea primitiva de los primeros evangelistas y que aquellos que juntaron las escrituras de los apóstoles para armar El Nuevo Testamento, no pudieron expurgar a tiempo.
La manera en la que Jesús entró a Jerusalén fue la de un rey judío que reclamaba el trono.
Estaba convencido de que él era el Rey de los judíos y en el cumplimiento deliberado de la profecía de Zacarías, Jesús paseó en Jerusalén montado sobre el lomo de un asno.
Seguramente la gente saludó a Jesús con palmas esparcidas y gritó:
"¡Hosanna!" "¡Hosanna!" (El antiguo grito de independencia judía).
Que Jesús no haya sabido que sus acciones eran “sediciosas” para ese momento y que implicaba un alto impacto político a la vista de todo el pueblo y de los romanos, sería increíble.
Esto está en contraste directo con los que algunos intentan, obstaculizando la acción de Jesús, proclamar que él no buscaba un cambio.
Pensar eso sería inverisímil dada las siguientes circunstancias:
Los romanos daban autonomía a sus pueblos sometidos y respetaban sus religiones, por eso intervino el sanedrín (sumo sacerdote y jefe político y religioso de los judíos) cuando lo sentenciaron a muerte.
El Senedrín formaba parte de la estructura de gobierno de ese tipo de alianza que hacían los romanos con los pueblos invadidos. En esa época Poncio Pilatos era el pro cónsul Romano y Herodes era el gobernador.

Proclamarse Rey de los judíos no era una blasfemia. (Decir eso es minimizarlo).
Proclamarse el Rey de los Judíos fue una confrontación político-social.
Algunos teólogos intentan despolitizar a Jesús y al mismo tiempo apoyar su breve tarea como Rey de los judíos.
 Los saduceos y fariseos (grupos pertenecientes a las castas judias mas altas) intentaron atenuar la misión de Jesús y es posible que los relatos del evangelio puedan estar intentándolo también ya que cuando los escribieron tenían la ventaja de retrospección y ya sabían que el resultado político de las acciones de Jesús era terminar en la cruz.

En esos primeros años, la idea del profeta-guerrero mantuvo su fuerza en Israel hasta la derrota judía que terminó con la gran matanza y destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C. Tres años después cae Masada. La secta judía de los cristianos, estaba totalmente destruida y lista para el gran cambio que necesitaban los romanos y sus lacayos judíos: Despojarla de cualquier contenido político.
Hasta entonces el cristianismo era un movimiento de fuerte crítica social que anunciaba que los ricos y los poderosos del mundo serían castigados. Ahora estaban diezmados y, si el Imperio Romano era imbatible, había que evitar el enfrentamiento y centrarse en otro territorio.
El dirigente judío Flavio Josefo se cambia de bando, entra al servicio de los romanos y años después se convierte en historiador del imperio.
Doscientos cincuenta años después, en el año 325, Constantino llama al concilio de Nicea.
La historia la cuentan los que ganan.
Jorge Arránz

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